Psicología explicada en palabras sencillas.
Si una mañana empiezas a estornudar, probablemente te preguntes qué está pasando. Un estornudo por sí solo puede tener muchas explicaciones. Pero si además tienes tos, dolor de garganta y malestar general, el conjunto de síntomas empieza a darte más información.
Con nuestra salud emocional ocurre algo parecido. Sentirse triste no significa necesariamente tener depresión. La tristeza es una emoción humana y puede aparecer como respuesta a pérdidas, cambios, decepciones o momentos difíciles.
Sin embargo, cuando la tristeza persiste y aparece acompañada de otras señales: como cansancio frecuente, pérdida de interés en actividades que antes disfrutabas, cambios en el sueño o el apetito, dificultad para concentrarte o sentimientos de desesperanza, es importante prestarle atención.
No se trata solamente de una emoción aislada, sino del conjunto de síntomas, cuánto tiempo permanecen y cómo afectan tu vida cotidiana.
¿Estar triste significa tener depresión?
Diana Trejos, Psicológa
EL CONTEXTO ES IMPORTANTE
¿Sabías que un mismo trastorno psicológico puede manifestarse de forma diferente según la cultura, la edad, el género o el contexto social de una persona?
La forma en que experimentamos y expresamos el malestar psicológico no ocurre en el vacío. La cultura, la edad, el género, el contexto social, las condiciones económicas además de otros factores pueden influir en cómo aparecen, se interpretan e incluso se comunican determinados síntomas.
Por ejemplo, una persona puede expresar su malestar principalmente a través de tristeza o preocupación, mientras que otra puede hacerlo mediante irritabilidad, aislamiento, agotamiento o incluso molestias físicas.
El género también puede influir en qué emociones aprendemos a mostrar, cuáles tendemos a ocultar y en qué momento buscamos ayuda. Las expectativas sociales sobre cómo “debería” comportarse una mujer o un hombre pueden hacer que algunos síntomas se expresen de manera diferente o incluso pasen desapercibidos.
También intervienen otras variables: la situación económica, la estabilidad laboral, el acceso a vivienda, las responsabilidades de cuidado, la migración, las redes de apoyo, la discriminación, la seguridad del entorno y el acceso a servicios de salud. Todo esto puede influir tanto en el malestar como en la manera en que una persona lo comprende y busca apoyo.
Esto puede hacer que la evaluación y el diagnóstico sean más complejos.
Por eso, en psicología no basta con identificar una lista de síntomas. También necesitamos comprender quién es la persona, cuál es su historia y en qué condiciones está viviendo.
El DSM-5 incluye la Entrevista de Formulación Cultural (CFI) precisamente para explorar cómo una persona entiende lo que le ocurre dentro de su propio contexto cultural y social.
Evaluar la salud mental no es solamente identificar síntomas. También implica comprender cómo la cultura, el género, las condiciones económicas y el entorno social atraviesan la experiencia de cada persona.
Comprender el contexto también es parte de comprender a la persona.
Diana Trejos | Psicóloga

Hice 4 veces el examen práctico de conducir en Países Bajos
Y descubrí que obtener una licencia también puede convertirse en un proceso emocional.
No voy a decir que conducir siempre me hizo sentir completamente segura. No era así. También podía sentir inseguridad al volante. Pero sabía conducir y conducía.
Por mi trabajo recorrí muchas veces Costa Rica de norte a sur y de este a oeste. Manejé largas distancias, atravesé montañas, pasé ríos, conduje entre filas interminables de carros, calles con huecos, lluvia, tráfico, imprevistos y ese cierto caos que para quienes hemos manejado durante años en Costa Rica termina siendo parte de lo cotidiano.
Y todo iba bien.
Entonces llegué a Países Bajos.
Todo era diferente: otras reglas, otra cultura vial y otra forma de conducir. Aunque aprobé el teórico a la primera, tuve que repetir el examen práctico 4 veces.
Con cada intento crecían el estrés, la ansiedad y la inseguridad, hasta hacerme dudar de algo que había hecho durante casi 20 años: conducir.
Algunas veces yo llegaba a la casa llorando después de clases.
Solo quien ha pasado por varios intentos sabe cuánto puede pesar emocionalmente volver a intentarlo.
ANTECEDENTE
Durante casi 20 años conduje en Costa Rica.
Obtener finalmente mi licencia fue una enorme alegría. Pero el proceso me enseñó algo que va mucho más allá de conducir: cuando fallamos repetidamente, podemos empezar a confundir un resultado con nuestro propio valor o capacidad.
La ansiedad, la frustración y el miedo a volver a fallar pueden acompañarnos al siguiente intento y hacernos dudar incluso de cosas que sabemos hacer.
Un resultado no define tu capacidad.
La confianza también necesita recuperarse.
La cuarta vez, lo logré. Pero aprendí mucho más que a conducir.
Lo que esta experiencia me enseñó como psicóloga

